MANIFIESTO
día internacional de concienciación contra el ruido

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25 de abril de 2001: DÍA INTERNACIONAL DE LA CONCIENCIACIÓN CONTRA EL RUIDO

International Noise Awareness Day

25 de abril de 2001

MANIFIESTO

Hoy, a las puertas de lo que sociólogos y politólogos denominan ya la Sociedad del Conocimiento, cuando han pasado más de dos siglos de las Declaraciones de Derechos del Hombre y del Ciudadano, proclamadas en las Revoluciones Francesa y Americana, asumidas y desarrolladas plenamente en la Declaración Universal de Derechos Humanos de la ONU en 1948 y otras posteriores,

Hoy, cuando todas las Constituciones democráticas del mundo asumen estos derechos inalienables de los individuos,

Hoy, cuando tras más de dos siglos de lucha constante parece triunfar y generalizarse como forma de gobierno más justa y racional la democracia representativa y cuando los Derechos Humanos se consideran una conquista irrenunciable de la Humanidad,

Hoy alzamos la voz en nombre de una ciudadanía que se ve en la tesitura de tener que reivindicar en pleno siglo XXI la garantía efectiva de los derechos formalmente reconocidos, derechos claramente universalizables que permitan cosas tan elementales como poder vivir y dormir en paz y sin ruidos, disfrutar de nuestras viviendas, barrios y ciudades sin sufrir agresiones medio ambientales.

Hoy tenemos que exigir, una vez más, a los miembros de las instituciones de la democracia representativa medidas para paliar la situación de contaminación acústica de nuestro país, el segundo más ruidoso del mundo. Si hacemos caso de los manuales de Ciencia Política que usan nuestras Universidades, tenemos que recordar a nuestros gobernantes que el ejercicio de la política es "vocacional", no obligatorio, y que debe estar motivado por el deseo de servir a los ciudadanos, al bien de la polis, para tomar decisiones que "transformen" nuestra realidad social, que no es no natural ni inmutable, sino históricamente construida, según principios de justicia. Pensar, como hacen los "teóricos de las élites" (Mosca, Pareto o Michels) que esta concepción de la política es "ingenua" (o meramente "teórica") sólo contribuye a deteriorar la confianza en la democracia, a acrecentar la anomía y la pasividad cívica y a servir de antesala al fascismo.

Las causas del ruido no constituyen ningún enigma para el estado de conocimientos tecno-científicos de nuestra época. Las soluciones tampoco. La dificultad estriba en la cantidad de valor y coraje político que tengan nuestros gobernantes para enfrentarse en muchas ocasiones a los poderosos colectivos que obtienen beneficios con el ruido y para implementar políticas educativas y, en último extremo, medidas sancionadoras efectivas y disuasorias.

Cuando ya casi nadie cuestiona la economía de mercado, el problema se traslada a cómo compaginar la frenética actividad económica con el desarrollo sostenible dentro de un sistema de producción tradicionalmente sucio y depredador del medio ambiente. Ello obliga a quienes toman decisiones políticas a optar por una escala de valores preferentes cuando el beneficio económico choca o es incompatible con los derechos a la salud y a la vida digna y a un medio ambiente saludable a escala planetaria.

Quienes ostenten cargos de responsabilidad política y no se sientan con valor para enfrentarse a tan magno problema, deben saber que tienen las puertas abiertas para volver a integrarse en la sociedad civil y en la actividad profesional que ejercían antes de entrar en política. Quizá así, el puesto que dejen vacante sea ocupado por alguien que todavía tenga algún "ímpetu transformador" y que reivindique los valores de la acción política y del poder popular que son inherentes a la concepción ilustrada y democrático-liberal de la democracia.

Los técnicos y tecnócratas que influyen en la toma de decisiones deben asumir también con responsabilidad sus tareas. Aquellos que pontifican sobre los niveles de ruido admisibles en ciertas condiciones, deben saber que, en muchas ocasiones, el nivel de ruido permitido es "político" y no "moral" o "justo". Digámoslo con un ejemplo: la cuestión no es si con 25 o 30 dB(A) podemos dormir, sino ¿por qué debemos dormir soportando esos niveles?.

Si hay algo de verdad en la vieja afirmación de que el pueblo es soberano y se legisla a sí mismo, debemos empezar a decir en voz alta:

"TOLERANCIA CERO CON LOS DECIBELIOS"

PLATAFORMA ESTATAL DE ASOCIACIONES CONTRA EL RUIDO Y LAS ACTIVIDADES MOLESTAS 
(PEACRAM)

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