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prensa
de albacete
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 Albacete,
3/12/ 2001
Cartas
al Director
Botellón,
rebeldía al ocio establecido
Gilberto
Márquez Borrego
Licenciado en Sociología por la UNED
No
es sorprendente que la ciudadanía se rebele en contra de
modas tales como el botellón, es totalmente comprensible
que las instituciones busquen solucionar los problemas de
ruido, suciedad y demás consecuencias de tal actividad
nocturna. El abordar este fenómeno no se presenta como
algo fácil y cómodo, es evidente que deben de participar
la familia, las instituciones ya sean políticas,
educativas etc.
No
obstante creo que en este punto deberíamos de hacer una
reflexión sociológica y aportar unas pinceladas sobre lo
que significa la cultura popular española, aunque deberíamos
tal vez decir lo que ha significado esta cultura.
Recordar, que España ha pasado de ser un país rural a
una sociedad fuertemente urbanizada, como consecuencia,
nuestros modelos de vida se han universalizado, y por
descontado también nuestra forma de entender lo público.
Las
formas de diversión y de ocio han sufrido una
metamorfosis, la tertulia de los vecinos en la puerta de
casa, el corro de mujeres chismorreando. Todo un conjunto
de comportamientos sociales, que se desarrollaban en la vía
pública, han dejado paso a una nueva ética del
divertimento. Jornadas de ocho horas, fines de semana
libres, puentes…, favorecen por tanto una propensión al
ocio y al consumo, como consecuencia el mercado nos aporta
toda una extensa comercialización del tiempo libre. Así,
comprobamos que la amistad termina por especializarse, es
decir, se ha vuelto instrumental adaptándose a las
distintas actividades del divertimento de toda nuestra
sociedad.
Llegado
a este punto, no nos debería de sorprender que nuestras
calles retomen lo que jamás se debería de haber perdido,
tomar como nuestro algo tan propio de nuestra cultura
mediterránea, que es el contacto con los demás y no solo
establecer contacto con los «muy nuestros» en grupos
cerrados y locales muy determinados.
El
fenómeno del botellón, quiero entenderlo como una
respuesta social de nuestros jóvenes, que encuentra en la
calle, una forma de retomar el sentir cultural de lo público
y como consecuencia entender la calle como un espacio que
les pertenece.
Asimismo,
podemos constatar que muchos de ellos ya se encuentran
cerca de los treinta, y que no han podido emanciparse por
circunstancias normalmente laborales. Este joven, entre
comillas, alcanza un grado de libertad en la calle que no
encuentra en la casa de sus padres y que además, toma lo
público, la vía pública como un espacio de
esparcimiento con otros que se encuentra en su misma
circunstancia, sus iguales.
Con
el fenómeno del botellón, se produce una respuesta crítica
a la mercantilización del ocio, eliminando las plusvalías
del hostelero y consumiendo lo que ellos crean oportuno.
Pero aquí aparece el problema y el riesgo, es decir,
relacionar divertimento y ocio en la vía pública, algo
que es tan propio de nuestra cultura, con el botellón.
Hay
que recordar que la calle es libre y no existe la libertad
de admisión, el contacto con esta forma de divertimento
por parte de los menores de edad es muy directa. El riesgo
de alcoholización de nuestros jóvenes y no digamos ya de
los menores es muy alto. Ya en anteriores artículos he señalado
la progresiva alcoholización de la sociedad española, en
niveles y situación (edad y sexo) sin posible comparación
histórica. Señalar sobre este punto, que el conocimiento
sobre la dimensión sociológica del consumo de drogas,
nos permite concretar la correlación entre el consumo de
drogas ilegales con el consumo de alcohol. Proceso que se
refuerza a temprana edad, gracias a un mecanismo sociológico
que se caracteriza por la grupalidad, es decir el consumo
dentro del grupo de amigos.
Las
soluciones que se apuntan en los distintos medios de
comunicación, no pueden pasar por la prohibición, puesto
que la relación social en espacios públicos, además de
ser un acto impune, pertenece a nuestro acervo cultural.
En
cambio, el resto de medidas que se proponen en los
distintos foros donde se buscan soluciones alternativas al
fenómeno del botellón, me parecen constructivas. Cierto
es, que se pone en duda la eficacia de las alternativas de
ocio presentadas por las distintas corporaciones
municipales, como pueden ser las deportivas, culturales
entre otras.
Pero
considero que hay que insistir en ellas, solo hay que
plantear estas actividades como un producto de mercado, es
decir, a través de una adecuada campaña publicitaria,
utilizando medios artísticos y audiovisuales, con el fin
de vender las propuestas de ocio como atractivas y objeto
de deseo por parte del joven.
Sería
interesante crear
nuevos espacios,
donde jóvenes y no tan jóvenes puedan dedicar su tiempo
libre, quiero recordar formulas tales como las propuestas
del Alcalde de Marbella, pero eliminando el espíritu
mercantil que lo llevo a tal fin. Podría sugerir, dentro
de la búsqueda de espacios, el habilitar
los redondeles de la feria a tal fin,
donde servicios de emergencia como protección civil, cruz
roja y policía local, estarían discretamente cerca de la
movida.
Las
sanciones en forma de multas, trabajo social,
como ya ha llevado a cabo un juez en Granada, también
me parece en algunos casos una alternativa acertada,
ya que favorece la toma de conciencia de algunos sujetos
por el deterioro que se ocasiona a raíz de ciertas
actividades, como es el caso del botellón. Para ello hará
falta una mayor
notoriedad de la policía local en las calles,
y además supervisaría y prohibiría
el consumo de alcohol en las calles por parte de los
menores de edad,
iniciativa que se ha propuesto en el Ayuntamiento de
Valencia.
Y
dejo para el final, la comunicación y la relación
parental, elemento fundamental de la socialización del
joven junto al de su grupo de iguales, como consecuencia
evitaríamos trasladar esta responsabilidad a las
corporaciones municipales, tal y como ha ocurrido en algún
ayuntamiento canario, prohibiendo la salida de menores
después de las 23 horas.
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