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Albacete, 22/12/ 2001

EDITORIAL

UN PROBLEMA ACUCIANTE

Ya sabíamos que el equipo de gobierno socialista está llevando al Ayuntamiento de Albacete a una situación económica dramática, con una deuda milmillonaria que hipotecará a posteriores corporaciones; ya sabíamos de la falta de diálogo de Pérez Castell y sus ediles, que ha propiciado un enfrentamiento sin precedentes con numerosos colectivos vecinales y sociales de la ciudad; ya sabíamos de su falta de respeto hacia la legalidad y hacia las decisiones judiciales, que estuvo a punto de costarnos la mera supervivencia del Parque de Abelardo Sánchez como tal; ya sabíamos de la cruzada municipal contra los conductores que ha llevado al tráfico en la ciudad a unos niveles de caos nunca conocidos por estas tierras; ya sabíamos del sectarismo del alcalde y algunos de sus concejales, que piden el destierro de los medios de comunicación que no les bailan el agua y niegan información a las decenas de miles de lectores de La Tribuna. Ya conocíamos todas esas virtudes del actual alcalde y su equipo de gobierno. Pero lo que no sabíamos -aunque pudiéramos intuirlo- es que además son unos manipuladores que tergiversan la realidad para acomodarla a sus deseos y a sus absurdos planteamientos.
Las acusaciones lanzadas por la Asociación de Hosteleros y por la Asociación contra el ruido, a cuenta de la reciente “Mesa del botellón”, son gravísimas. Al parecer, el Ayuntamiento ocultó información y falseó lo ocurrido en esa reunión, para avalar su descabellada oposición a que una ley regional prohíba la nociva práctica del “botellón”. Por lo visto, Manuel Pérez Castell está satisfecho con haber reventado el ‘botellón popular’ convocado frente a su casa, y no le preocupa que centenares de albaceteños sufran ese cáncer en la puerta de sus propias casas un día sí y otro también. Con una demagogia inasumible, los socialistas defienden “el derecho de los jóvenes a beber a un precio módico”: defienden el derecho a emborracharse hasta el coma etílico y, de paso, el derecho a destrozar la habitabilidad de nuestras calles, molestar al vecindario y dejar las vías públicas hechas un asco.
El ‘botellón’ es un problema serio, un problema acuciante. Y puede que la prohibición de vender alcohol en la calle no sea la única solución, pero en todo caso es la que se está aplicando con relativo éxito en otras comunidades y es también la base imprescindible para que tengan una mínima eficacia las otras medidas de “educación y concienciación”.
La Navidad debiera ser un espacio para la reconciliación y los buenos propósitos. Pero mientras este alcalde y su equipo sigan despreciando de esta forma las inquietudes ciudadanas, será difícil lograrlo.

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