|
prensa
de albacete
página anterior 
Albacete,
29/9/ 2001
Editorial.
"Beber en calle"
El
“botellón” se ha convertido en un problema social y
sanitario de primer orden en nuestra ciudad, como en otros
muchos lugares de España. La “moda” de comprar
alcohol en las tiendas y trasegarlo en plena calle hasta
reventar se impone entre chavales cada vez más jóvenes;
no hay más que acercarse a los bajos de la Biblioteca Pública
frente a Escolapios, o a determinadas zonas del Campus
universitario, o al propio Parque de Abelardo Sánchez,
para comprobar cómo los viernes y sábados por la noche,
principalmente, se forman grandes aglomeraciones de jóvenes
bebiendo sin medida y sin control. Las molestias a los
vecinos son enormes, las zonas afectadas parecen a la mañana
siguiente un campo de batalla plagado de vidrios rotos y
vomitonas... y, desde luego, nadie se encarga de hacer
cumplir la norma para que no se suministre alcohol a
menores de edad.
Se diga lo que se diga, la única solución para este
grave problema es la prohibición de consumir alcohol en
la calle. Los establecimientos públicos han asumido
conscientemente su papel de “guardianes” y no venden
bebidas alcohólicas a menores; pero el “botellón”
es, sencillamente, incontrolable.
Por ello resulta absurda e incomprensible la postura del
Ayuntamiento de Albacete de oponerse a tan sana medida,
que la Junta quería implantar en toda la comunidad. La única
explicación es que los munícipes no quieran complicarse
la vida: ya ha dicho el alcalde que se trata de “una
cuestión de orden público”, y parece evidente que la
Policía Local sería la principal encargada de hacer
cumplir la norma. Pero, si ésa la causa que lleva al
Ayuntamiento a oponerse a la prohibición del botellón,
es de una irresponsabilidad enorme, pues a la larga los
inconvenientes son mucho mayores: más vale pedir el carné
a los chavales y “confiscarles” la bebida antes de que
se emborrachen, en lugar de tener que intervenir en
trifulcas posteriores o verse impotentes para mantener la
tranquilidad en las calles.
La indignación de los hosteleros está absolutamente
justificada. El botellón no es sólo una competencia
desleal hacia sus negocios -que pagan religiosamente sus
impuestos, que no son pocos-, sino también y sobre todo
una cruel burla hacia quienes deben aplicar la Ley en sus
locales enfrentándose a graves sanciones. Debiera el
Ayuntamiento, si es que le preocupa algo la tranquilidad
de las calles y el futuro de nuestra juventud,
reconsiderar su postura y apoyar decididamente la
prohibición del consumo de alcohol en las calles.
Esperemos que la demanda de los hosteleros y de la
ciudadanía en general sea atendida por el alcalde.
|