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Albacete, 28/11/ 2001

DESDE LA OTRA ONDA

 A VUELTAS CON EL BOTELLON

JUAN L. HERNANDEZ PIQUERAS

Dicen los datos que están aumentando los ingresos en los servicios de Pediatría de esos jóvenes-niños que se están convirtiendo en alcohólicos potenciales, tras comenzar por el botellón y terminar en plena cogorza. Así lo han manifestado los médicos de familia, que han dado la alarma en el reciente Congreso Castellano-Manchego de Medicina General celebrado días atrás en Toledo.
La alarma de estos profesionales tiene calado, porque en el mundo mediático andamos a vueltas con el botellón, habida cuenta que el asunto vende y hasta en el panorama político se debaten medidas y decisiones. Es una alarma que se escucha desde la sociedad, porque se sabe que nos dicen algo que es una realidad, pero, sin embargo, que no tiene las consecuencias que debería porque, también en esto, el comportamiento de esa sociedad es bastante hipócrita. La sociedad, nos guste o no, sigue comportándose hipócritamente ante el tema del alcohol. Un comportamiento palpable cuando es consciente de que probablemente, y con diferencia, es ésta la droga más consumida en la actualidad, y generalmente con toda clase de bendiciones sociales hacia ese consumo. Veamos si no, el mundo de la imagen y de la publicidad, en el que el consumo de la bebida alcohólica sigue gozando de la impunidad de rodearse de un cierto toque de distinción.

En esas estamos, cuando ocurre que lo que ya se veía venir y que algunos denunciaban cuando el fenómeno todavía era más minoritario. Ahora el asunto está claro, el botellón en este país se ha disparado, y en Albacete es sabido de ese uso y abuso de muchos jóvenes y las zonas donde pueden beber tranquilamente, a destajo y barato. Y cuidado, que con ello no están cometiendo ningún delito en la mayoría de los casos, que lo sepan los que al poner el grito en el cielo sólo hablan de medidas represivas, que es lo más fácil cuando en realidad no supone ningún tipo de solución a este problema que siempre será una cuestión más de formación y educación que de sanción y represión.

Por ejemplo, llegan ahora unas fechas en las que el consumo de bebidas alcohólicas se disparará. Como cada Navidad, determinadas bebidas serán eje de un comportamiento no ya sólo social sino también familiar. Desde la tradición, la costumbre y la vida familiar educamos a los más jóvenes en comportamientos y consumos. Y el chaval, que se lo querrá pasar bien en medio de una sociedad que no le ha enseñado a hacerlo sin el consumo del alcohol, se comerá unos turrones en casa y un par de copitas de cava, para luego irse con los amigos a la calle, el establecimiento más barato, y compartir el botellón con ellos, sin duda la “diversión” y el consumo igualmente más barato. Ante esta situación que es absolutamente real, ¿alguien puede pensar de verdad que todo se reduce a algunos cambios de legislación y a mayores medidas de represión?

Esa es la realidad, en una sociedad en la que las burbujas de determinadas bebidas acapararán anuncios de televisión y se presentarán como verdaderos acontecimientos; en un país en el que el mundo del vino es una excusa cultural; en unas ciudades donde la publicidad de las bebidas alcohólicas están en todos los sitios... ¿por qué los jóvenes que andan a vueltas con el botellón son los únicos que terminan siendo un problema social? Ellos desde luego no lo entienden, y yo tampoco. Al contrario, piensan que esa sociedad hipócrita que van conociendo, lo único que pretende es quitarles de en medio, apartarles de la calle, que es donde son molestos. Si se emborrachan donde nadie les vea, gran parte del problema es como si no existiera. Y no les falta razón.

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