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prensa
de albacete
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Albacete,
29/9/ 2001
Carlos
Zuloaga. "El
botellón municipal"
Manía
la de nuestro alcalde de cabrear tontamente al personal.
Jurídicamente, técnicamente y políticamente Manuel Pérez
Castell provoca a los albaceteños con desplantes hacia
sus sentimientos. Si el jueves ofreció toda una lección
de travestismo democrático, no contento con el fraude ha
permitido que uno de los problemas más graves que padece
la juventud albaceteña no merezca la atención jurídica,
técnica y política del primer edil.
Andan
cabreados los hosteleros y los que no son hosteleros por
la decisión del Consistorio de poner la zancadilla al
proyecto de Ley sobre Drogodependencias de Castilla-La
Mancha, en concreto al uso, al mal uso, del “botellón”
de los jóvenes de Albacete. En un ejercicio de estupidez
“progresista”, el equipo de gobierno aseguró que la
prohibición fomentaría el “botellón clandestino”.
¿Me diga?
Seamos
serios. Cuando los propios hosteleros tienen que mirar con
lupa, como debe ser, la venta de alcohol para que no
llegue a los menores; cuando desde los colegios se
fomentan actividades alternativas a la borrachera
callejera; cuando los padres de familia los tienen de
corbata por la posibilidad de que sus hijos se
“enganchen” al consumo desmadrado de alcohol, el
alcalde se niega a colaborar con la propia Junta de
Comunidades para la erradicación de tan nefasta
costumbre.
Manda
huevos. Si mañana se realizase un referéndum por esta
nueva irresponsabilidad municipal, los albaceteños votarían
jurídica, técnica y políticamente por la patada en el
trasero al señor alcalde.
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