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                                                      Albacete, 5/2/ 2002

El Mirador
Antonio Martínez

La coherencia en el ‘botellón’

La sensibilidad va por barrios. La sensibilidad respecto a los problemas que produce el ‘botellón’ entre los ciudadanos, es similar y casi paralela entre la Junta de Comunidades y el Ayuntamiento de Albacete (no se podía esperar otra cosa en razón de la lógica afinidad política y la debida coherencia), con salidas por la tangente y vivas a Cartagena que a la mayoría de los vecinos les deja absolutamente pasmados. Mientras el Ayuntamiento de Toledo demuestra que sabe escuchar a sus vecinos, en otros lados (incluyendo Albacete) se anda con maniobras que no consiguen apartar del centro de la diana el objetivo fundamental. Y todo ello bajo la óptica de una trasnochada concepción del uso de la calle.

Asombra al vecindario de Albacete que se tenga absoluta y exahustiva sensibilidad hacia los ruidos en general, hacia las basuras en particular, mientras que los ruidos siguen siendo uno de los peores males que soporta Albacete, y las basuras se han constituido en una pesadilla que se intenta combatir a base de enormes cacharros puestos en la vía pública, sin que cuenten con el apoyo de los vecinos y molestando; molestando estéticamente y materialmente.

Pero, volvamos al ‘botellón’ ¿Es una historia increible y no conviene olvidar que quienes pueden ser acusados de protagonistas de las molestias que ocasionan, son unos pocos, mientras que los perjudicados es el resto de la ciudad. Decir que se limita su libertad es una pura demagogia. Nadie estaría contra el ‘botellón’ si las reuniones, insólitas rueniones nocturnas, se hiciesen sin escándalo y sin ensuciar la vía pública.

Una última cuestión: el argumento de quienes defienden el consumo por libre de alcohol en la vía pública porque en los establecimientos no les dejan beber alcohol, pueden suponer que los daños del alcohol son tan malos dentro como fuera de un bar. Y aquellos otros que argumentan que en un bar el alcohol está muy caro y prefieren beberlo por su cuenta -que resulta más barato-, cuando compran una botella, lo que está comprando son hasta diez ‘cubatas’ como mínimo. ¿Es que se beben diez cubatas?

Pues si es así, lo suyo ya es digno de un programa de desintoxicación.

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